Leer, ver, tocar. Lectura para los sentidos.

Leer, ver, tocar

Lectura para los sentidos

Ofrezca a sus hijos un enriquecedor ejercicio de lectura

Nuevas tecnologías de carácter digital insinúan formatos de lectura desprovistos de soporte físico. Muy pronto veremos novedosos productos electrónicos que proporcionarán experiencias de lectura todavía impensables. En estas nuevas formas de leer, las cualidades físicas del libro habrán desaparecido y serán sustituidas por elaboradas intervenciones multimedia y transmedia. Sin duda, el avance tecnológico enriquecerá la curiosidad y el deseo de los lectores de menor edad, siempre que no se produzca el abandono de las positivas influencias que aporta el ejercicio lector sobre los tradicionales libros de papel.

Tener un libro entre las manos se ha mostrado una emocionante práctica por sí misma. Leer, ver, tocar el libro, especialmente en las primeras etapas de desarrollo infantil, es una práctica conveniente destinada a comprender relaciones físicas más complejas. Tocar el libro facilita percibir su totalidad como objeto, tomar conciencia de la realidad física como principio inseparable de nuestra forma de conocer el mundo.

Con la intención de aportar valor a la lectura tradicional, Cuentos del Picogordo acerca a los lectores más pequeños la posibilidad de hojear un libro cuyos elementos físicos son fuente de emoción intelectual y aprecio para los sentidos. El niño que lea nuestros cuentos se encontrará con la intervención reconocible de otro ser humano, los rasgos únicos en consecuencia añadidos, la deformación proveniente de la humedad aportada por la tinta, las manchas imprevistas, los defectos provenientes de una manipulación sin apoyo mecánico.

En Cuentos del Picogordo ofrecemos a los padres y tutores ciertos consejos destinados a enriquecer la lectura de nuestros libros:


Si se lo pide, consienta que su hijo coloree el cuento. Puede que le sorprenda, pero algunos niños tratan de completar las ilustraciones de nuestros cuentos con sus propios lápices de colores. Si este es su caso, dé libertad a su hijo para que a su modo coloree las ilustraciones. El paso del tiempo las convertirá en páginas de incalculable valor personal.


Despliegue ante su hijo todas las ilustraciones e instrúyalo en el manejo y orden de las páginas. Para su educación resultará muy útil que aprenda a cuidar el cuento y a disponerlo para futuras lecturas. Pero si descubre que su hijo encuentra una solución distinta, consienta que “viva” la lectura de una manera diferente a la suya. El cuento ganará valor si es capaz de ayudar al niño a encontrar métodos propios con los que organizar su relación con los objetos.


Si usted es un profesor, reparta las ilustraciones, deje que las manipulen antes o después de la lectura, insinúeles el valor individual de cada párrafo, de cada ilustración, de cada página como objeto digno de observación. Finalmente haga ver la totalidad, el conjunto, la suma de las partes; muéstreles cómo cobra un sentido mayor y una más grande insinuación de significado.